La utilización de videos en línea en su papel educativo a nivel masivo transgeneracional es el resultado del avance tecnológico: todos tienen a su disposición dispositivos móviles que permiten realizar grabaciones sin necesariamente ser un camarógrafo y todos pueden acceder a internet, incluso en la vía pública, sin un cable.
La mayor fortaleza de un video es que permite comunicar en forma visual información médica más compleja y estar disponible “on demand” para que las personas puedan reverlo la cantidad de veces que lo necesiten según la disponibilidad de sus agendas y actividades cotidianas.
Contar con un canal propio es totalmente gratuito y permite compartir experiencias, testimonios o procedimientos en forma accesible e intuitiva.
Otra bondad de los videos es que pueden ser compartidos por las diferentes redes sociales, o compartir sus links por aplicaciones de chat (como WhatsApp) evitando trasladar todo el peso del archivo a los dispositivos móviles.
Si un video informativo es realmente útil este será compartido en forma instantánea por aquellos que lo hayan visto y volverse tendencia. ¿En qué radica esta tendencia? En que compartir información médica confiable y sencilla es, por sobre todo, para cualquier persona, una forma de demostrar interés por el otro, una forma de manifestar cariño y preocupación por los seres queridos.